2406-Galayos Naiara

Otro punto de vista del Desafio Galayos

Crónica

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Este fin de semana he participado en una carrera, que digo, ¡carrerón! De esos que me flipan tanto que, aunque la primera vez me supusiera un esfuerzo enorme, me enamoró tanto que este año he vuelto y, no descarto repetir el año que viene. Desafío Galayos comienza fuerte, en los primeros 6,5km subimos +1.200m hasta la Mira, unas vistas impresionantes desde el primer kilómetro. Comienza una larga bajada, pasando por distintos tipos de terreno, algunas zonas con mucha piedra suelta, otras zonas más amables y corribles para mí así que aprovecho para esforzarme un poquito porque si no es ahí no voy a tener muchas más oportunidades de correr, aún nos queda otra laaaaaarga subida, muy larga, pero que muy larga se me hizo. 

En algún punto de la bajada veo un “gel” tirado en el suelo. ¡Mierda, a alguien se le ha caído!, pienso. Los organizadores de carreras ponen mucho empeño en que el impacto de los corricolaris en la montaña sea cero o el mínimo posible y, aunque me imagino que los corredores escoba van pendientes de estas cosas, decido parar, retroceder unos cuantos metros y cogerlo, estoy segura de que quien lo perdió no lo tiró si no que fue por descuido y no iba a dejarlo ahí tirado. El caso es que al cogerlo lo noto muy sólido y pienso, “que geles más raros toman algunos, pero allá ellos”. No volví a encontrar ningún otro envoltorio ni basura en los 30km de carrera, tan solo esto. Lo que si encontré fue mucho calor, ni la riquísima sandía que me ofrecieron en el avituallamiento pudo evitar que me salieran algunas rozaduras. Durante unos cuantos kilómetros, estimo 10, me voy regañando a mi misma por no haber cogido la vaselina, un botecito minúsculo que no me hubiera supuesto nada en la mochila y me hubiera hecho más cómodos los últimos kilómetros. 

Menuda sorpresa me llevé cuando llegué a casa después del viaje y veo que el “gel” que había encontrado, ¡era vaselina! Y aquí es donde encuentro mi aprendizaje de esta carrera: la vida nos provee en nuestro camino de las cosas que necesitamos aún sin saberlo, pero no siempre les prestamos la suficiente atención y suele pasar desapercibido. 

Mucho se comenta que las carreras son como la vida misma, si eres corredor de largas distancias estoy segura de que coincidirás conmigo en esta afirmación y, es que en cada carrera aprendemos algo nuevo que es totalmente aplicable al día a día. En una carrera vas a encontrar momentos en los que vas a estar arriba del todo, y otros que vas a estar hundido en la más triste de las miserias (y a ese cansancio, dolores, o lo que te esté pasando pensarás en la pasta que te ha costado estar ahí, terminando de hundirte por completo, porque lo vas a pensar). Pues igual con la vida, a veces tocan inviernos alegres y otras veces veranos duros. Y todas las etapas pasan, porque sabes que nada dura eternamente y en cualquier momento puedes darle la vuelta a la carrera, digo a la vida.

Correr me ha enseñado cuales son mis puntos fuertes y también los débiles. No soy una corredora rápida, ni si quiera ágil, pero si constante y me lleve el tiempo que me lleve, suelo conseguir mi meta. En mi día a día me pasa algo parecido, quizá tarde más que los demás, pero al final consigo lo que me propongo. Pensar en las carreras me anima cuando algún proyecto no me sale, o cuando estoy cansada y, sé que no me tengo que rendir porque en cualquier momento puede cambiar la situación. 

Las personas van pasando por tu vida como pasan en las carreras. A algunos no los conocerás jamás, a otros te los cruzarás alguna o varias veces, habrá con quien hables e incluso, tengas un nuevo mejor amigo. Y es que hay kilómetros que te acercan a personas y esos mismos kilómetros te alejan de otras. Quien no recuerda a esos amigos inseparables y que el tiempo terminó alejando tanto que ya apenas tienes contacto. Otros amigos que de pronto llegan te alegran algún capítulo de tu vida y en la siguiente temporada desaparecen. Por suerte, también están los actores revelación, que llegan sin avisar y de momento los guionistas de tu vida (ósea tu) le siguen dando un papel clave y ya le han fichado para toda la serie. 

A veces sola, otras veces acompañada, pero como decía aquella película: “tú eres el capitán de tus pasos”. Bueno no era así, pero pega para ir cerrando este post.  Correr en montaña es como la vida misma, al fin y al cabo, es recorrer un camino con sus altibajos, sus alegrías y sus penas, con ilusiones y miedos y a cada zancada decidir hasta donde quieres que te lleven tus pasos con los ojos siempre muy abiertos para no perderte nada que puedas necesitar por el camino.

 

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