La Ultra Pirineu celebró, los días 4, 5 y 6 de octubre, su 15ª edición. Convertido en un evento reconocido mundialmente, donde grandes corredores como Miguel Heras, Nuria Picas, Dmitry Mityaev y Julie Roix estuvieron presentes. El evento ofrece diferentes distancias, desde un Kilómetro Vertical hasta la carrera que aquí relataré, una ultra de 100km y 6000m positivos.
Esta aventura empezó el día antes de la carrera (4 de octubre), en la recogida de dorsales. Después de charlar con varios corredores sobre la carrera, los entrenamientos, molestias… volvimos al apartamento que habíamos alquilado, para preparar la bolsa de vida, cenar y ultimar los últimos detalles del gran día con los compañeros y avitualladores.
A las 3:15 de la mañana sonaba el despertador, gracias a que lo teníamos ya todo preparado, solo tuve que vestirme y desayunar el bocadillo de mermelada con jamón de pavo.
A las 4:30 llegamos a Baga para dejar la bolsa de vida en el pabellón, la cual tendré disponible en Gósol (km 61). En ella dispongo de una muda completa de recambio (camiseta, pantalones, calcetines y gorra) además de comida y geles para carrera y cremas por si hay rozaduras o molestias.
Seguidamente puse rumbo a la “plaza Porchada” de Baga, donde se encuentra la salida, para pasar el control de materia previo a acceder al cajón de salida.
Eran las 5:26 cuando empezaba a sonar la canción del último mohicano recordando todo el trabajo duro y sacrificios realizados durante todo el año, para llegar a ese momento e intentar disfrutar de la carrera y sus maravillosos paisajes.
Queda 1 minuto, el speaker da la orden de encender los frontales y se apagan todas las luces de la plaza. Es un momento mágico que todos los corredores vivimos con mucha emoción.
A las 5:30 el speaker da la salida y, junto a 1200 corredores más, nos lanzamos a través de las calles de Baga. Los primeros metros, son un caos, debido a que de una plaza pasamos a una calle estrecha y todos queremos pasar a la vez, pero tras unos segundos de tapón ya puedo poner mi ritmo. Tras el primer kilómetro por el pueblo, nos introducimos en la oscuridad de la montaña. En este punto, la carrera nos plantea el primer reto, una subida de cerca de 15 km con 2000 m positivos, así que me digo “pon tu ritmo, disfruta y olvídate del resto, que esto es muy largo”. De esta forma voy haciendo, paso a paso, metro a metro.
Cuando llevo, aproximadamente, 2h de carrera, esta me regala una de las imágenes más bellas que jamás he vivido en una carrera. Por un lado, la salida del sol, una luz roja anaranjada preciosa, y por el otro la oscuridad de la noche que va desapareciendo y una serpiente de luces de frontales infinita ilumina el camino que hace escasos minutos he recorrido.
Finalmente, y tras 2h22’ llego al punto más alto de carrera, el refugio “niu de l’àliga». Justo antes de llegar al refugio vivo otro momento que me pone los pelos de punta. Los espectadores que han subido hasta allí para animar han formado un pasillo donde justo cabe una persona y te animan como si fueras una estrella del rock, lo cual hace que esos últimos metros los haga en un estado de éxtasis total. Además, este es uno de los puntos donde la organización permite la asistencia externa, así que tras ese momento épico voy en busca de mi asistencia, que ya me esperan allí con todo preparado para que no tenga ni que pensar. Tras unos minutos, donde aprovechó para comer, sustituir bidones e intercambiar unas palabras, me despido de ellos con la promesa de vernos en Gósol (km 61).
El siguiente tramo de carrera, hasta llegar al refugio del “Serrat de les esposes” es uno de los más largos de la carrera (15km) sin avituallamientos. Sin embargo, también es uno de los más rápidos, ya que en su mayoría es terreno poco técnico y en bajada. Además, este año nos han quitado la parte más técnica (“Penyes Altes”) debido a su estado y peligrosidad. Así que aprovecho esta parte de la carrera para disfrutar de las vistas y charlar con algún corredor con el que coincido. Este avituallamiento congrega a muchos espectadores por su fácil acceso en coche por lo que el ambiente es espectacular. Además, es otro de los avituallamientos en los que está permitida la asistencia externa, sin embargo, en mi caso no tengo asistencia en este punto, por lo que hago acopio del avituallamiento y sigo adelante en busca del siguiente refugio, “Cortals de l’Ingla”.
Este tramo es aún más rápido que el anterior, por sus pocos kilometros de distancia, su poca tecnicidad y que una vez sorteada la primera subida situada justo al salir del avituallamiento, el resto es prácticamente bajada. Además, es uno de mis tramos favoritos, así que sin darme cuenta llego al siguiente avituallamiento en el refugio “Cortals de l’Ingla”. Sé que el siguiente tramo hasta el refugio “Prat d’Aguiló” se puede hacer muy largo, por lo que decido tomarme mi tiempo para hidratarme y coger energía.
Dicho y hecho, el siguiente tramo de carrera se me hace eterno, y a 1km, que parecieron 5, de llegar al siguiente avituallamiento paso por un momento psicológico crítico y el cual me impide incluso trotar. Finalmente consigo llegar al avituallamiento, y esto, junto a que tenían uno de mis dulces favoritos (tarta de manzana), hace que supere este momento crítico.
Una vez superado este momento crítico, salgo del avituallamiento para afrontar, en mi opinión, una de las subidas más complicadas del recorrido con 2km y 450m positivos, la cual te deja en una llanura a más de 2000m de altura. No lo pienso, simplemente camino y paso a paso voy subiendo hasta que finalmente, consigo llegar arriba y me pongo a correr a través de esta pradera y vuelvo a disfrutar de las vistas que nos brinda el Cadí-Moixeró. Finalmente, tras 2 km de pradera, emprendo la bajada a Gósol, donde me espera la bolsa de vida y los amigos de los que me he despedido hace ya unas 5h.
Tras más de 8h de carrera llego a Gósol. Sus calles están llenas de gente que me anima y me acompañan en estos últimos metros hasta llegar a la base de vida. Entro en la base de vida diciéndome “tranquilo, con calma, no hay prisa”, ya que este es un punto clavé de la carrera y puede marcar la diferencia entre terminar o no. Así que, con estas palabras en mente, busco a los compañeros que me ayudan y voy hacía ellos. Ya lo tienen todo preparado, tal y como lo habíamos acordado, así que me quito el chaleco, me cambio casi por completo (todo salvo pantalones y deportivas) y me siento a comer. Mientras tanto, los compañeros vacían los restos del chaleco, sustituyen los bidones y reponen el chaleco con geles y gofres. 15’ después, estoy listo para salir, así que me colocó el chaleco y salgo en dirección al siguiente punto de avituallamiento, el refugio “Lluis Estasen”.
Hago los primeros kilómetros con bastante ánimo, pero de repente empiezo a sentirme raro, como con una pelota en el estómago y sin poder evitarlo, me vienen a la mente los recuerdos del año pasado cuando me dio, en ese mismo punto, un golpe de calor y se me giró el estómago impidiendo correr y disfrutar el resto de carrera. Decido no introducir comida y solo beber, a ver si de esa forma se me pasa la pesadez del estómago y superó este 2 momento de bloqueo. Así, poco a poco voy recorriendo los kilómetros que me separan del refugio, peleando contra mi cabeza y estómago. Finalmente, consigo llegar al refugio y me tomo mi tiempo para recuperarme, y a diferencia del año anterior salgo de aquí con las pilas al máximo y con este segundo bajón superado, prosigo mi carrera.
La carrera continua con una bajada vertical, llena de ramas, piedras y muy resbaladiza, así que me tomo mi tiempo para realizar esta bajada. En este punto no quiero llevarme un susto jugando-me un tobillo para ganar unos segundos. Llegando al avituallamiento (refugio de “Gresolet”), empiezo a escuchar música así que acelero el paso hasta llegar a él.
Una vez aquí, lleno los bidones y salgo dispuesto a encarar la subida al “Coll de Bauma”. He tenido la suerte que he coincidido con un corredor en el avituallamiento, con el que comparto está subida. Vamos charlando, compartiendo experiencias, por lo que la subida se hace amena y sin darnos cuenta ya hemos sorteado la subida. A partir de aquí, tenemos 5km de bajada hasta el siguiente refugio muy entretenida. Así que me dejo llevar por la emoción, al recordar lo mal que lo había pasado en ese punto el año anterior y lo bien que me sentía ahora.
Al llegar al refugio “Vents del Cadí”, voy eufórico y feliz por lo que estoy disfrutando. Sin embargo, me tomo mi tiempo para coger energía, antes de encarar la última subida dura de la carrera, la subida hasta el refugio de “Sant Jordi” a través “dels Empedrats”.
Finalmente salgo del avituallamiento y me pongo a subir combinando el andar rápido y algún trote. A cada paso, recuerdo lo vívido en el 2023 y el momento en que me senté en una roca a debatir si me retiraba o no a tan solo 12 km de meta. Pero hoy no, hoy me siento bien y fuerte, así que voy subiendo, sorteando algún corredor de la maratón que baja. En uno de estos intentos de esquivar a un corredor, este me empuja al agua y me mojo hasta la cintura, pero no pasa nada, yo sigo adelante mi foco está en llegar al último refugio. 1h03’ después de mi salida del avituallamiento anterior, llego al refugio de “Sant Jordi”. Ahora si ya lo tengo, ya solo nos queda alguna subida pero casi todo es bajada. Así que tras rellenar los bidones y comer un poco me lanzo en busca de mi siguiente objetivo, ¡LA META!
Los kilómetros van pasando, algunos más lentos debido a alguna subida sorpresa, algunos más rápidos porque son pista o asfalto, pero van pasando. Hasta que llego a la “Via Nicolau”, a tan solo 1.5kms de meta. La emoción me invade por todo lo vivido en este día y los recuerdos duros del año anterior, por lo que sin poder evitarlo me caen algunas lágrimas.
13h52’ después de que se diera la salida, llego de nuevo a Baga. La carrera termina en subida, pero a mí no me importa, con los ánimos de la gente y amigos que allí se concentran, hago esa subida como si aún fuera el 1km de carrera y encaró el pasillo final disfrutando del momento, saludando, chocando la mano a los niños…¡¡ viviendo el momento!!
Finalmente, cruzó la meta en 13h55′ y no me lo puedo creer, he llegado de día, he hecho un tiempo que no me había ni planteado y sobre todo, la he disfrutado 😊
Ahora toca asimilar lo vivido, recuperar y buscar nuevos objetivos para el 2025.

