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Introducción
Si a un corredor de montaña veterano le preguntas por una carrera el último fin de semana del Invierno en Santa Cruz del Sil te responderá: “Alto Sil”. Sí pero no… Aquella mítica carrera que agotaba dorsales en horas dejó de celebrarse, pero como los galos de la aldea de Astérix la gente de Santa Cruz se resistió a perder uno de sus momentos grandes del año y así nació el Trail del Tornicho que este año celebró su 2ª edición con cambios respecto a la de su debut. Como culturilla general decir que Santa Cruz del Sil, capital de la república independiente de las brañas, es un pequeño pueblo (100 y poco habitantes creo) del Bierzo, antaño próspero por el carbón, rodeado de naturaleza salvaje incluidos osos y que este verano se libró por poco de los terribles incendios que asolaron la zona. Los tornichos son figuras de piedra centenarias que se utilizaban para guiarse por la nieve en la montaña.
Carrera y recorrido
El Sábado se cumplió el pronóstico y el día de la carrera amaneció frío, cubierto y con lluvia fina que invitaba a quedarse en la cama calentito más que a andar por el monte en pantalón corto. La carrera fueron 22,61 km y 1.285 m + según mi reloj y este año se incluyó en circuito de carreras de la Federación de Castilla y León. A las 9.00 arrancamos unos 130 corredores cuesta arriba por pista fácil hasta que en el km 1.5 se baja hacia un río donde empieza la pelea con el barro y el agua, serpenteando y superando los primeros metros de desnivel por estrechos senderos dentro de un bosque precioso. Después de dejar este tramo, llegamos a una bajada con mucha pendiente y barro resbaladizo que fue el momento de humor amarillo: resbalones, caídas múltiples y culo al barro para asegurar llegar sanos al inicio de la 1ª subida larga del día, unos 4 km con 500 + entre pinares por más senderos en algunos casos desbrozados para la carrera (¡chapeau para los organizadores!)

Ya en la parte más alta aparece la nieve y los tornichos que nos guiarán por este collado hasta comenzar la bajada hacia Primout por un camino con mucha piedra suelta que permite bajar alegre pero sin pasarse que las piedras de pizarra lisa resbalan bastante. Primout es uno de los puntos mágicos de la carrera, una aldea de casas de piedra abandonada (o casi) encajonada en un valle rodeada por un fantástico bosque cubierto de musgo y líquenes por el que discurre el río del mismo nombre (nota mental: volver con buen tiempo, un bocata y sin prisas). Aquí se sitúa el siguiente avituallamiento (bebida, gominolas, frutos secos, fruta, sándwich de nocilla…) y comienza el siguiente tramo, que es un sendero corrible de unos 4 km al borde del río en los que hay que volver a mojarse los pies y mantener el equilibrio entre el barro y las rocas.
Para no relajarse mucho de repente aparece la señal de desvío para comenzar la ascensión al Pico Negro, una pared de casi 1 km con 400+ jalonada de pizarra resbaladiza y matorral bajo para torturar las plantas de los pies. La organización se curró un balizaje de lujo que siguiéndolo permitía subir con el solomillo agachado pero sin complicaciones. Una pena que la niebla lo cubriese y no poder disfrutar las vistas. Y con los deberes del desnivel hechos o casi, una bajada sencilla que mezcla piedras y pista nos lleva al último avituallamiento de la Collada. Desde aquí nueva bajada vertiginosa a otro río (con su consiguiente chapoteo) que por senderos de un bosque de robles y acebos conducen a la meta una vez subido el último rampón sorpresa dentro del pueblo.
Postmeta
Con ropa limpia y una vez secos, en la misma plaza de salida y meta, pudimos tomar unas cervezas comentando la jornada y comer unas patatas con carne calentitas cortesía de la organización. Y si quieres alargar la fiesta hay grupo de música para echar la tarde noche y rematar por todo lo alto.
Resumen
Carrera popular con mucho encanto lejos de la masificación y el postureo y sin dejarte un riñón en el dorsal, con un recorrido bonito, técnico y duro a la par que divertido. El Trail del Tornicho no te defraudará. Y en el capítulo de agradecimientos, muchas gracias a la organización y voluntarios que se lo han currado, a la gente de Santa Cruz por su cariño y por supuesto a Montse, Enrique y a su encantadora familia por su hospitalidad y el calor de su chimenea.

