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Un fin de semana de montaña, esfuerzo y emociones en una de las carreras de alta montaña más exigentes del calendario, donde el corredor popular vuelve a ser el verdadero protagonista
Hay carreras a las que uno llega pensando en competir, en mejorar una marca o en intentar subir a un podio. Y otras que llevas meses preparando el momento, donde el único objetivo que realmente importa es mucho más sencillo: llegar a meta y poder decir, soy finisher.
CanfrancCanfranc es una de esas carreras. Una prueba que no engaña a nadie y que desde el primer momento deja muy claro qué es lo que ofrece: montaña, desnivel, terreno técnico y muchas horas de esfuerzo., como explicaba su director, Álex Varela, antes de esta XX edición, «somos diferentes. Es una carrera muy dura, muy técnica, y eso tiene su público». Y después de vivir un nuevo fin de semana en Canfranc, cuesta no darle la razón. Porque precisamente esa dureza es la que atrae a un tipo de corredor que busca enfrentarse a un verdadero reto de montaña y que sabe que para llegar hasta aquí no basta con tener ganas, el poder que tiene Canfranc va mucho más allá debes estar al 100% tanto en lo físico como en lo mental, las horas pasan, el recorrido se complica y avanzar es lento.

Llegar hasta Canfranc ya forma parte del reto
Para el corredor popular, estar en la línea de salida de CanfrancCanfranc significa mucho más de lo que aparece en una clasificación. Detrás de cada dorsal hay semanas y meses de entrenamiento, madrugones, kilómetros acumulados, días en los que salir a correr cuesta más de lo habitual y, en muchas ocasiones, planes familiares o sociales a los que hemos tenido que renunciar para poder llegar preparados.
Porque preparar una carrera de 16,26, 45, 70 o 100 kilómetros no consiste únicamente en correr. Supone organizar buena parte de nuestra vida alrededor de un objetivo. El corredor popular tiene trabajo, familia, obligaciones y amigos, y muchas veces el entrenamiento termina ocupando ese pequeño espacio que antes estaba reservado para otras cosas. Por eso, cuando finalmente llegamos a Canfranc, recogemos nuestro dorsal y nos colocamos en la salida, sabemos perfectamente todo lo que hay detrás de ese momento.
Y quizá por eso mismo la palabra finisher tiene aquí un significado tan especial.
Seis distancias, una misma montaña
La XX edición de CanfrancCanfranc ha vuelto a ofrecer un programa capaz de poner a prueba a corredores de perfiles muy diferentes. La Ultra 100K, con sus 100 kilómetros y 8.848 metros de desnivel positivo, representa el gran desafío de la prueba y mantiene esa filosofía de alta montaña que caracteriza a Canfranc, dura, muy técnica y donde el ser finisher esta más que cotizado, esta edición 2026 de los 140 participantes a meta llegaron 73 algo más de un 50% y decir que es mucho hay ediciones donde apenas se llega al 30% . Más del 70 % de su recorrido discurre por encima de los 2.000 metros, por lo que hablamos de una carrera en la que la preparación, la estrategia y la capacidad de gestionar el esfuerzo durante muchas horas resultan fundamentales.
La Ultra 70K tampoco permite demasiadas concesiones 84 clasificados de 120 que tomaron la salida. Sus aproximadamente 70 kilómetros y 6.100D+ metros positivos convierten esta distancia en una auténtica ultra de montaña, mientras que el Maratón 45K y 3.657D+ metros positivos, 248 clasificados de 310 que tomaron salida, demuestra que la palabra «maratón» puede esconder una realidad bastante diferente cuando el escenario son los Pirineos. Su recorrido lleva al corredor por Izas, Larraca, Astún, Candanchú, Loma Verde y la zona del Aspe antes de afrontar la larga bajada hacia Canfranc.
Son tres distancias diferentes, con perfiles y dificultades distintas, pero todas comparten algo fundamental: el objetivo de llegar a la Estación Internacional de Canfranc.
No podemos olvidarnos de las distancias de 26K y 1.700D+ o los 16K y 1.600D+ y la Uphill 6K 967D+ como veis son pruebas algunas de ellas de supervivencia y de fortaleza mental, por eso a nuestro entender por desnivel, terreno y distancia estamos seguros de que son de las más duras de España y parte de Europa.

Un fin de semana perfecto para correr
Este año, además, la montaña nos ha puesto las cosas un poco más fáciles desde el punto de vista meteorológico. Hemos disfrutado de unas condiciones muy agradables para correr, sin un frío excesivo que pudiera convertir las zonas altas en un problema añadido y sin temperaturas demasiado elevadas que hicieran todavía más duro el esfuerzo. Después de tantos meses de preparación, siempre se agradece que el día de la carrera el tiempo acompañe y permita al corredor concentrarse en lo realmente importante: gestionar su esfuerzo y disfrutar del recorrido.
Y disfrutar es una palabra que encaja perfectamente con Canfranc. Porque aunque hablamos de una carrera dura y exigente, resulta prácticamente imposible no levantar la cabeza en algún momento para contemplar el paisaje. Las montañas, los valles, los ibones y los pasos por lugares como Izas, Larraca, Astún, Candanchú o las proximidades del Aspe convierten el recorrido en algo que va mucho más allá de una sucesión de kilómetros y metros positivos.
Aquí hay momentos en los que corres y momentos en los que simplemente miras alrededor y piensas que, después de todo, quizá haya merecido la pena madrugar tanto para entrenar.




