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El Tor des Géants no es solo una carrera. Es una odisea personal que te enfrenta a tus límites físicos y, sobre todo, mentales. Son más de 330 kilómetros y 24.000 metros de desnivel positivo, atravesando los rincones más duros y salvajes del Valle de Aosta. Pero lo que realmente hace del Tor una prueba única no es la distancia, ni el desnivel, ni el frío de la noche en las crestas. Es el desgaste psicológico.
Este 2025 tendré el honor de participar en el Tor representando a la AE Trail, con el objetivo de narrar la experiencia desde dentro. Pero más allá de la crónica de la carrera, mi preparación está enfocada en un solo aspecto: aprender de los errores del pasado y fortalecer mi mente para enfrentar el desafío como nunca antes.
El Tor es una erosión constante
El Tor des Géants no te destruye de golpe. No es un sprint en el que la fatiga te golpea como un muro. Aquí, el verdadero enemigo es el desgaste progresivo.
La falta de sueño, las temperaturas extremas, la sequedad del aire que te hace sangrar la nariz, el estrés de la orientación nocturna, la soledad en los tramos más duros… Todo eso se acumula. Es como si la carrera fuera esculpiendo tu resistencia psicológica hasta dejarla al mínimo. Y cuando llegas a ese punto, cada decisión se convierte en una lucha interna.
En mi participación anterior, subestimé este desgaste. Pensé que mi fuerza mental era suficiente, que mi experiencia en carreras de 100 millas me había preparado. No fue así. Porque el Tor no es una ultra «larga». Es otra cosa.

Preparar la mente para resistir
Desde que confirmé mi participación en 2025, mi entrenamiento ha cambiado. No solo en lo físico —donde he reforzado la fuerza con trabajo en gimnasio y he introducido más tiradas largas en alta montaña— sino, sobre todo, en lo mental.
Estoy trabajando en tres pilares clave para mi preparación psicológica:
1. Gestión del tiempo y las expectativas
En 2023, me marqué un objetivo de 100 horas. Sobre el papel, era factible. Llegué al ecuador en 49 horas. Pero lo que no preví fue cómo la montaña me iba a desgastar más allá del cálculo lógico. Ahora sé que el Tor no se corre con un reloj en la cabeza. Se corre por sensaciones. Mi único objetivo este año será llegar a la meta, al ritmo que la montaña me permita.
2. Economía emocional
Soy un corredor que disfruta del contacto humano en carrera. Hablo con otros corredores, con voluntarios, con los espectadores que esperan en las crestas. Y eso, en una ultra de 100 kilómetros, me da energía. En el Tor, me la quitó. No medí cuánta energía emocional invertía en los demás y cuánto me quedaba para mí.
Este año, voy a dosificar mejor mi «yo social». No se trata de aislarme, sino de reservar la energía mental para los momentos en los que realmente la necesite.
3. Asistencia: ¿apoyo o anclaje?
En 2023, fui acompañado por mi familia. Mariona y Gala estuvieron allí, junto a Stefano, que pudo quedarse solo una noche antes de volver a Barcelona. Me asistieron en dos bases vita. Luego, me quedé solo. Y aunque en el momento no lo supe, esa ruptura me pasó factura psicológica.
Más tarde, cuando llegaron mis primos italianos, la tentación de volver con ellos fue demasiado grande. En ese momento, la soledad y el sufrimiento pesaban más que la meta. Ahora, con perspectiva, sé que podía haberlo hecho diferente. Me quedaban 100 kilómetros y tenía todo el tiempo del mundo. Pero mi mente no estaba preparada para afrontar la carrera sin un soporte emocional estable.
Por eso, en 2025, voy a hacerlo solo.
Sin asistencia, sin el anclaje emocional de saber que hay alguien esperándome en cada base vita. Porque en el Tor, cualquier opción que no sea seguir, es una tentación peligrosa.
El Tor decide quién llega a la meta
No hay otra carrera como el Tor des Géants. No importa cuántas ultras hayas corrido, cuántos desniveles hayas superado o cuánta experiencia lleves en la mochila. En el Tor, tú no decides si llegas a la meta. Lo decide la montaña.
Por eso, mi enfoque para 2025 es diferente. No voy con tiempos, ni con expectativas numéricas. No voy con la presión de un objetivo marcado en el reloj.
Voy con una única misión: enfrentarme a un gigante. Y tal vez, convertirme en uno.

