🏔️ La hora de salida también importa: el factor olvidado que puede cambiar una ultra

Opinión Técnicos

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Cuando un corredor elige una prueba de ultra trail suele fijarse en tres datos: kilómetros, desnivel positivo y dificultad técnica.

Sin embargo, hay un cuarto factor que puede cambiar por completo la experiencia: la hora de salida.

Dos ultras con la misma distancia y el mismo desnivel pueden convertirse en retos muy diferentes dependiendo de cuándo se disputen.

Para el corredor popular, que constituimos la mayoría del pelotón, este detalle puede ser tan importante como el perfil del recorrido.

Porque no es lo mismo correr 100 kilómetros empezando a las seis de la mañana que hacerlo a las seis de la tarde.

Tampoco es igual llegar a la noche con 70 kilómetros en las piernas que entrar en ella cuando todavía queda media carrera.

No todas las horas de carrera cuestan lo mismo

Nuestro organismo funciona siguiendo ritmos circadianos. La atención, el estado de alerta y la sensación de sueño no permanecen constantes durante las 24 horas.

En una ultra esto adquiere especial importancia.

Podemos estar preparados físicamente para correr durante 20, 25 o 30 horas, pero eso no significa que respondamos igual a las cuatro de la tarde que a las cuatro de la madrugada.

Durante las horas centrales de la noche aumenta la somnolencia y puede disminuir la capacidad de concentración y reacción. En una carrera larga, eso puede traducirse en más errores, mayor percepción del esfuerzo y más dificultad para tomar decisiones.

Por eso, al estudiar una carrera deberíamos hacernos algunas preguntas más allá de los kilómetros:

¿A qué hora salgo?

¿Cuándo llegará la noche?

¿Dónde estaré durante la madrugada?

¿Cuánto me quedará cuando amanezca?

Ahí empieza una parte de la estrategia que muchas veces olvidamos.


El ejemplo de una carrera de 24 horas

Imaginemos una prueba de 24 horas.

Salida a las 6:00

  • 06:00 h: salida.
  • 12:00 h: seis horas de carrera.
  • 18:00 h: doce horas.
  • 00:00 h: dieciocho horas.
  • 06:00 h: meta.

La mayor parte de la carrera se desarrolla con luz. Cuando llega la noche ya llevamos muchas horas acumuladas y sabemos que únicamente tendremos que superar una noche antes de alcanzar la meta.

Salida a las 18:00

  • 18:00 h: salida.
  • 00:00 h: seis horas.
  • 06:00 h: doce horas.
  • 12:00 h: dieciocho horas.
  • 18:00 h: meta.

Ahora la película cambia.

Apenas seis horas después de empezar estaremos corriendo de noche y afrontaremos la madrugada cuando todavía quede aproximadamente la mitad de la carrera.

Físicamente puede ser el mismo esfuerzo.

Mentalmente, no necesariamente.


Correr hacia la noche o correr hacia el amanecer

Cuando una carrera comienza por la mañana, la noche suele aparecer después de muchas horas de esfuerzo.

El corredor sabe que tendrá que enfrentarse a ella y comienzan las preguntas:

  • ¿Tendré sueño?
  • ¿Seguiré comiendo bien?
  • ¿Mantendré la concentración?
  • ¿Cómo estarán las piernas?
  • ¿Cuánto me quedará cuando salga el sol?

En cambio, cuando la carrera comienza al anochecer o de madrugada, aparece otro elemento psicológico: el amanecer.

La noche puede hacerse larga, pero sabemos que terminará.

Y cuando aparece la primera luz, algo cambia.

Recuperamos referencias visuales, volvemos a ver el paisaje y sentimos que comienza un nuevo día. Después de muchas horas corriendo, puede convertirse en uno de los momentos más especiales de la carrera.


La noche también tiene ventajas

Estamos acostumbrados a hablar de la noche como un enemigo, pero no siempre es así.

Temperaturas más favorables

Especialmente en verano, correr de noche reduce el impacto del calor y puede facilitar la gestión de la hidratación.

Menor exposición solar

Después de muchas horas bajo el sol, la oscuridad supone un descanso importante.

Un ritmo más conservador

La menor visibilidad puede ayudarnos a controlar el entusiasmo y centrarnos en el terreno inmediato.

Y en una ultra, para un corredor popular, guardar energía suele ser una buena inversión.


La montaña cambia cuando cae el sol

La montaña nocturna no es simplemente la montaña de día con menos luz.

Es otra montaña.

Desaparecen muchos estímulos visuales y cobran protagonismo otros:

  • El viento.
  • Nuestros pasos.
  • Los arroyos.
  • Los animales.
  • La respiración.
  • El silencio.

Y, lejos de los núcleos urbanos, aparece uno de los grandes espectáculos de la noche: el cielo.

Después de muchas horas de esfuerzo, levantar la mirada y encontrar miles de estrellas puede convertirse en uno de esos recuerdos que permanecen durante años.

La noche puede ser dura.Pero también puede ser una de las partes más bonitas de una ultra.


Cuando la oscuridad juega a nuestro favor

Hay incluso tramos que algunos corredores encuentran más fáciles de noche.Las largas subidas son un buen ejemplo.

Durante el día podemos levantar la cabeza y ver una cima que parece interminable.

Por la noche, el frontal limita nuestro campo de visión.Ya no vemos toda la montaña.Vemos los próximos metros.

Un paso.

Otro.

Una piedra.

Un giro.

Y seguimos.

La gran subida se convierte así en una sucesión de pequeños objetivos.

No funciona igual para todos, pero para algunos corredores entre los que me cuento ese efecto de túnel hace que las ascensiones largas sean más llevaderas mentalmente.


La otra cara de la noche

El principal problema es evidente: nuestro organismo sabe que debería estar durmiendo.

La somnolencia puede reducir la concentración y aumentar los errores, algo especialmente importante en terreno técnico.

También puede aparecer una mayor dificultad para alimentarse. Lo que entraba perfectamente durante el día puede resultar poco apetecible a las cuatro de la mañana.

Y está el componente psicológico.Un problema pequeño puede parecer enorme durante la madrugada.

Por eso conviene recordar una regla sencilla:

tener un mal momento no significa que la carrera se haya terminado.

En una ultra habrá momentos buenos y malos. La clave está en no tomar decisiones definitivas desde el peor momento.


El frontal: una herramienta, no un simple requisito

Cuando llega la noche, el frontal se convierte en una de nuestras herramientas principales.

Y no deberíamos fijarnos únicamente en los lúmenes máximos.También importan:

  • Autonomía.
  • Potencia mantenida.
  • Tipo de haz.
  • Comodidad.
  • Facilidad para cambiar la batería.
  • Resistencia.
  • Acceso a los diferentes modos.

Un frontal puede ofrecer una potencia espectacular durante unos minutos y tener después una autonomía insuficiente para una noche completa.Por eso es fundamental conocer su comportamiento real antes de la carrera.En pistas sencillas podemos ahorrar batería utilizando modos más económicos y reservar la máxima potencia para zonas técnicas, descensos o momentos en los que realmente la necesitemos.


Batería de repuesto y frontal de reserva

Si vamos a pasar muchas horas de noche, mi recomendación es sencilla:

no depender de un único sistema de iluminación.Una batería de repuesto puede ampliar considerablemente nuestra autonomía.

Pero una batería no soluciona un fallo del propio frontal.Por eso, cuando la carrera es larga o especialmente exigente, llevar un segundo frontal puede ser una de las mejores decisiones de material que podemos tomar.

Y hay otro detalle todavía más importante:

tenemos que poder acceder a él rápidamente.

No sirve de mucho llevar un frontal de emergencia en el fondo de una mochila imposible de abrir mientras estamos en mitad de una situación complicada.


Una experiencia personal: cuando el frontal falla en el peor momento

En el TOR100 Cervino-Monte Bianco tuve precisamente una situación que me confirmó la importancia de este planteamiento.

Me encontraba a escasos metros de entrar en una de las zonas más técnicas de la carrera, en las proximidades del Col de Malatra, a casi 3.000 metros de altitud.

Era completamente de noche.Y justo entonces, la luz de mi frontal principal falló.No era el mejor lugar para quedarse a oscuras.

Pero desde que había caído la noche llevaba el segundo frontal en una zona accesible del chaleco, preparado precisamente para una situación así.Pude sacarlo rápidamente, encenderlo y disponer de luz suficiente para detenerme y cambiar la batería del frontal principal.

El problema quedó resuelto en pocos minutos.

No basta con llevar material de emergencia. Hay que llevarlo preparado para poder utilizarlo.

En una pista sencilla, tardar cinco minutos en encontrar un frontal puede ser una molestia.

A casi 3.000 metros, de noche y justo antes de un tramo técnico, puede convertirse en un problema serio.

Cuando preparo el material siempre Pienso también en dónde está el material de reserva y cuánto tardaría en utilizarlo si algo falla.


La noche también se entrena

Si vamos a pasar seis, ocho o diez horas corriendo de noche, nuestra primera experiencia no debería ser durante la propia carrera.

Hay que entrenarlo.

No solo durante media hora. Conviene realizar sesiones suficientemente largas para comprobar:

  • Cómo respondemos después de varias horas.
  • Qué frontal necesitamos.
  • Cuánta autonomía consumimos.
  • Cómo descendemos de noche.
  • Cómo comemos.
  • Cómo cambia nuestra percepción del terreno.
  • Qué ocurre cuando aparece el sueño.

La noche debe formar parte de la preparación igual que una subida larga o un descenso técnico.


Si vas solo, busca compañía

Para quienes afrontan sus primeras experiencias con muchas horas nocturnas, hacer equipo con otro corredor puede ser una excelente opción.

No significa correr juntos durante toda la prueba ni renunciar a nuestro propio ritmo.

Simplemente compartir kilómetros durante las horas más complicadas.

Puede ayudar a:

  • Hacer más llevadera la madrugada.
  • Mantener la motivación.
  • Combatir la monotonía.
  • Detectar antes un problema.
  • Sentirnos más seguros en zonas aisladas.

Encontrar a otro corredor con un ritmo y unos objetivos similares puede marcar una diferencia enorme.

Porque una de las cosas bonitas del ultratrail es que, aunque la carrera sea individual, no tenemos por qué afrontar solos los momentos difíciles.


Reserva energía para la noche

Otro error frecuente es correr las primeras horas como si la carrera terminara antes de que aparezca la oscuridad.

En una ultra larga, eso puede pagarse caro.

Si sabemos que tendremos una noche completa por delante, debemos llegar a ella con margen.Controlar el ritmo desde el principio.

No perseguir a otros corredores.No gastar más de lo necesario en las primeras subidas.

La noche no perdona fácilmente los excesos cometidos durante el día.


La alimentación durante la madrugada

En una ultra larga no solo importa cuánto comemos, sino qué somos capaces de comer después de muchas horas.

La madrugada puede cambiar completamente nuestras sensaciones.

Por eso conviene tener alternativas:

  • Diferentes sabores.
  • Alimentos salados.
  • Bebidas.
  • Geles.
  • Comida real, si estamos acostumbrados a ella.

Y, sobre todo, haberlo probado antes.

La alimentación nocturna también se entrena.


La cafeína: estrategia, no improvisación

La cafeína puede ser una herramienta útil para combatir la somnolencia, pero no tiene mucho sentido consumirla toda durante las primeras horas.

Si sabemos que el momento más complicado llegará de madrugada, puede ser más interesante reservar parte de esa ayuda para entonces.

La estrategia debe adaptarse a cada corredor y a su tolerancia.

Y, como ocurre con la alimentación, la carrera no es el momento de experimentar.


¿Y si el sueño aparece de verdad?

Hay una diferencia entre estar cansado y estar peligrosamente somnoliento.

En una prueba de 100 kilómetros probablemente no necesitemos dormir.

En carreras de 150, 200 o 300 kilómetros la situación puede ser diferente.

Cuando las distancias aumentan, las estrategias de sueño pueden formar parte de la planificación.

Una parada breve puede ser mucho más inteligente que luchar durante horas contra una somnolencia extrema.

Parar no significa abandonar.A veces significa poder continuar.


La música como aliada

Cuando el reglamento lo permita y sin comprometer nuestra seguridad, la música puede ser otro recurso psicológico.

No hace falta utilizarla durante toda la noche.

Podemos reservarla para una subida monótona, una pista larga o un momento de bajón.

Una canción puede cambiar nuestro estado de ánimo y ayudarnos a romper la monotonía.


La hora de salida debería formar parte de la dificultad

El corredor popular debería analizar la carrera desde otra perspectiva.

No preguntarse únicamente:

¿A qué hora llegará el ganador?

Sino:

¿Dónde estaré  a medianoche?

¿Dónde estaré a las tres de la mañana?

¿Cuánto me quedará cuando salga el sol?

Cuando comparamos dos ultras solemos hablar de kilómetros, desnivel y dificultad técnica.

Quizá deberíamos añadir un cuarto dato:

la hora de salida.

Porque modifica la temperatura, la exposición solar, las horas de oscuridad y, en carreras suficientemente largas, las horas que estaremos despiertos durante nuestro periodo habitual de sueño.

Por eso creo que debería considerarse un factor más de dificultad.


No existe un horario perfecto

Algunos corredores disfrutan de las noches en la montaña .Otros prefieren minimizarlas.Algunos esperan con ilusión el amanecer.Otros saben que la falta de sueño les penaliza muchísimo.

No existe una hora perfecta para todos.Existe la que mejor encaja con cada corredor.Y conocer esa diferencia también forma parte de conocernos como corredores

Una carrera Empieza cuando decides inscribirte.

Analiza los kilómetros. Estudia el desnivel. Mira el terreno. Revisa el material obligatorio.Pero dedica también unos minutos a entender el horario de la prueba y cómo encaja contigo.

Si la carrera incluye una noche completa, prepárala como prepararías una gran subida o un tramo técnico.

Entrena con el frontal.

Comprueba las baterías.

Lleva un sistema de iluminación de reserva.

Controla el ritmo.

Cuida la alimentación.

Y si es tu primera experiencia, no tengas miedo de compartir kilómetros con otro corredor.

Pero, sobre todo, no veas la noche únicamente como un enemigo.

Puede que lleguen el sueño y las dudas.Puede que los kilómetros parezcan avanzar más despacio.

Pero también tendrás la oportunidad de correr por una montaña completamente diferente.

De avanzar en silencio.

De escuchar tus pasos.

De ver un cielo cargado de estrellas.

De compartir kilómetros mientras todo el mundo duerme.

Y, finalmente, de contemplar cómo aparecen las primeras luces del día después de una larga noche de esfuerzo.

Porque al final los tiempos se olvidan, las clasificaciones cambian y los resultados quedan atrás.Lo que permanece son las experiencias.

Y pocas hay tan especiales en el trail running como seguir avanzando bajo las estrellas, paso a paso, cuando todos duermen, y descubrir con las primeras luces del día que eres capaz de llegar mucho más lejos de lo que imaginabas.