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Hay carreras que cumplen con lo que prometen y otras que consiguen superar cualquier expectativa. La Luchon Aneto Trail pertenece a ese reducido grupo de pruebas que dejan huella mucho antes de cruzar la línea de meta. Sus paisajes, la dureza de su recorrido y el ambiente que se respira hacen que, por mucho que hayas leído o escuchado sobre ella, la realidad termine siendo todavía más espectacular.
Llegar a Bagnères de Luchon es empezar la carrera mucho antes del pistoletazo de salida. Con apenas 2.000 habitantes, esta pequeña localidad del Pirineo francés parece haberse detenido en el tiempo. Situada a tan solo diez kilómetros de la frontera española, es conocida por sus históricos balnearios y por vivir completamente volcada hacia la montaña. En invierno se convierte en un referente para los deportes de nieve y, cuando desaparece la nieve, son el ciclismo y el trail running quienes llenan sus calles de vida.
Durante los días de la Luchon Aneto Trail el pueblo cambia por completo. Las terrazas se llenan de corredores llegados de toda Europa, las conversaciones giran en torno al material, la estrategia o la meteorología y el ambiente transmite esa mezcla de ilusión y nervios que solo se vive antes de una gran carrera. Es uno de esos lugares que invitan a quedarse unos días más para disfrutar de su gastronomía, sus termas y de un entorno privilegiado en pleno corazón de los Pirineos.
Tras algo más de ocho horas de viaje desde Alicante llegamos por fin a nuestro destino. Un pequeño y acogedor apartamento, situado a pocos minutos del centro, sería nuestro cuartel general durante los próximos días.
El auténtico corazón de la prueba es el Parque del Casino. Allí se concentran todas las salidas y llegadas de las diferentes distancias, además de la feria del corredor. Marcas como Millet, patrocinador técnico de la prueba, exponen sus novedades junto a otros fabricantes de nutrición, mochilas, zapatillas y material de montaña. Para cualquier aficionado al trail es imposible no detenerse un buen rato curioseando entre los distintos expositores.
Pero más allá de la feria, lo que realmente llama la atención es el ambiente. Aún faltan horas para la salida y ya se respira esa tensión positiva que precede a las grandes aventuras. Corredores revisando el material obligatorio, familias paseando, voluntarios ultimando los preparativos… Todo invita a pensar que estás a punto de vivir algo especial.
La recogida del dorsal resulta rápida y perfectamente organizada. Cada distancia dispone de su propio mostrador y basta con presentar el código QR recibido por correo electrónico para completar el trámite en apenas unos minutos.

La bolsa del corredor nos sorprendió muy gratamente. Además de la camiseta oficial, incluía un buff, un portadorsales, un frontal y una práctica bolsa estanca de 13 litros, un detalle muy útil que demuestra el cuidado que pone la organización en cada aspecto del evento. Todo ello por una inscripción de 91 euros, un precio que, viendo el nivel organizativo y todo lo incluido, resulta difícil de encontrar hoy en día en una carrera de estas características.
Otro detalle que nos pareció especialmente acertado fueron los paneles informativos instalados en la plaza principal, donde los acompañantes pueden consultar en tiempo real la evolución de los corredores. Un pequeño gesto que facilita enormemente el seguimiento de la prueba y que muchas organizaciones deberían tomar como ejemplo.
Con todo preparado, aprovechamos la tarde para pasear tranquilamente por las calles de Luchon, estirar un poco las piernas y empaparnos del ambiente previo. Esa noche tocaba cenar pronto, revisar una última vez el material obligatorio y tratar de dormir unas horas. Al día siguiente el despertador sonaría muy temprano: a las cinco de la mañana comenzaría una aventura de 85 kilómetros y 5.400 metros de desnivel positivo.
La salida: cuando la aventura comienza
A las cinco de la mañana la Plaza del Casino presenta un aspecto completamente diferente al del día anterior. Los cerca de 400 corredores que afrontaremos la distancia reina, los 85 kilómetros y 5.400 metros de desnivel positivo, esperamos impacientes el momento de comenzar. Frontales encendidos, abrazos, últimas fotos, silencios cargados de concentración y ese cosquilleo en el estómago que todos conocemos.
En nuestro caso no encontramos cajones de salida, o al menos no fuimos conscientes de ellos. Sin embargo, al día siguiente comprobamos que el resto de distancias sí estaban organizadas por tiempos estimados. Es un detalle que demuestra el cuidado de la organización, especialmente teniendo en cuenta que algunas pruebas reúnen a más de 700 corredores. Salir escalonados evita tapones y hace que los primeros kilómetros sean mucho más fluidos.
El ambiente es sencillamente espectacular. Todo el mundo guarda silencio mientras el speaker comienza la cuenta atrás.
— Quatre… Trois… Deux… Un… Partez!

Un escalofrío recorre la espalda. Es uno de esos momentos que difícilmente se olvidan. Los nervios desaparecen de golpe y dejan paso a esa mezcla de emoción y respeto que solo provocan las grandes carreras.
Poco a poco dejamos atrás las calles de Luchon para adentrarnos en un frondoso bosque que nos acompañará durante los primeros kilómetros. A pesar de la hora, el calor resulta sorprendente. La humedad queda atrapada entre la vegetación y la sensación es la de correr dentro de un enorme invernadero. Basta salir unos metros a una zona despejada para notar cómo la temperatura cambia por completo.
El terreno asciende de manera constante, sin grandes rampas, mientras un río nos acompaña a nuestra derecha. La oscuridad apenas deja intuir su presencia, aunque el sonido del agua se convierte en un compañero de viaje durante buena parte de este primer tramo.
La peculiar estructura del recorrido, diseñada en forma de dos grandes bucles que dibujan un ocho, hará que varias horas después volvamos a pasar por este mismo lugar. Entonces, ya con la luz del día, podremos descubrir el espectacular paisaje que la noche nos había ocultado.
El agua: un aspecto clave de la carrera
Uno de los aspectos que más llama la atención de la Luchon Aneto Trail es su reglamento. La organización obliga a portar dos litros de agua, una exigencia que cobra todo el sentido cuando se comprueba la distancia existente entre algunos avituallamientos.
En varios tramos pueden pasar más de 15 kilómetros, lo que en una carrera de estas características supone permanecer más de cuatro horas sin posibilidad de avituallarse. Es un detalle que endurece todavía más una prueba ya de por sí muy exigente.
Afortunadamente, el recorrido atraviesa numerosos arroyos y cascadas donde es posible rellenar los bidones. Aun así, siempre existe cierto riesgo al beber agua directamente de la montaña. Lo recomendable es hacerlo únicamente en puntos donde el agua fluya con fuerza y parezca lo más limpia posible. En nuestro caso tuvimos que recargar varias veces durante la carrera y, por suerte, no sufrimos ningún problema estomacal.
Hospice de France: un avituallamiento de matrícula de honor
El primer gran punto de referencia llega en el kilómetro 15, con la llegada al Hospice de France.
Además de estar perfectamente ubicado, nos encontramos con uno de los sistemas de avituallamiento más originales y eficientes que hemos visto en una carrera de montaña.

Nada más entrar, un voluntario nos entrega una pequeña caja de cartón. A partir de ese momento somos nosotros quienes vamos indicando lo que queremos comer y los voluntarios depositan cada alimento en la caja: fruta, jamón serrano, queso, frutos secos… Una vez completado el recorrido por la zona de comida accedemos al área de bebidas, donde encontramos agua, Coca-Cola, agua con gas y todo lo necesario para recuperar fuerzas.
La recarga de agua dispone de una zona independiente con varios grifos, evitando colas y permitiendo que todo el proceso resulte rápido y ordenado.
Puede parecer un detalle menor, pero después de participar en muchas carreras, uno aprende a valorar este tipo de organización. Personalmente me pareció un sistema brillante y, ojalá, otras pruebas tomen nota.
Camino del Port de Venasque
Abandonamos el avituallamiento con la vista puesta en el siguiente gran desafío: el ascenso al Port de Venasque.
Solo con levantar la cabeza ya es posible adivinar la magnitud de lo que nos espera.
La subida es larga, exigente y, al mismo tiempo, una de las más bonitas de toda la carrera. Conforme ganamos altura, los corredores nos vamos mezclando con una interminable fila de ovejas que ascienden tranquilamente por el mismo sendero, dejando una de esas imágenes tan curiosas como inolvidables.

Cada vez que levantamos la vista aparecen nuevos motivos para detenerse unos segundos. El Refugio de Benasque, el Lac des Boums du Port, las cascadas que caen desde las paredes de roca y la inmensidad del valle hacen que el esfuerzo quede en un segundo plano.
Hay momentos en los que simplemente dejas de pensar en el reloj. Solo quieres seguir avanzando y disfrutar del privilegio de correr en un lugar así.
Entre Francia y España: el corazón de la Luchon Aneto Trail
Coronamos el Port de Venasque con una sonrisa imposible de borrar. Frente a nosotros se abre uno de esos paisajes que justifican por sí solos el viaje hasta los Pirineos.
Además de las impresionantes vistas, este punto tiene un componente especial: durante unos kilómetros abandonamos Francia para correr por territorio español. Resulta curioso pensar que, sin apenas darte cuenta, acabas de cruzar una frontera que durante siglos separó dos países y que hoy une a cientos de corredores con una misma pasión.

Tras disfrutar unos minutos de la cresta comienza una rápida bajada que nos conduce a una amplia zona de praderas. Es uno de esos tramos donde las piernas vuelven a soltarse y donde, casi sin querer, empiezas a recuperar parte del tiempo perdido en la subida.
Pero la tregua dura poco.
La montaña vuelve a recordarnos quién manda.
Comienza una nueva ascensión que nos devuelve de nuevo hacia Francia. Poco a poco el sendero se transforma hasta convertirse en una espectacular sucesión de escalones de roca que parecen elevarse directamente hacia el cielo.
Es uno de esos lugares donde resulta imposible no detenerse unos segundos para mirar alrededor.
El valle se abre bajo nuestros pies mostrando toda su inmensidad mientras las montañas parecen multiplicarse hasta perderse en el horizonte. Cada metro ganado en altura regala una panorámica aún más espectacular que la anterior.
Finalmente alcanzamos el Coth de Lunfern, situado a 2.478 metros de altitud, uno de los puntos más altos y fotogénicos de toda la prueba.
Hay carreras en las que únicamente recuerdas el sufrimiento. En esta, sin embargo, el paisaje consigue que el esfuerzo pase a un segundo plano.

Una bajada interminable
Desde el Coth de Lunfern comienza una larguísima bajada que nos llevará nuevamente hasta el Hospice de France.
El terreno invita a correr, pero las piernas empiezan a acumular muchos kilómetros y cientos de metros de desnivel negativo. En una carrera como esta, bajar rápido también tiene un precio.
Tras volver a pasar por el avituallamiento afrontamos el último descenso del primer gran bucle.
Ahora sí, con la luz del día completamente instalada, podemos contemplar el precioso valle por el que habíamos pasado de madrugada. El río que apenas intuíamos durante la noche se convierte ahora en el protagonista del paisaje, acompañado de pequeñas cascadas bosques y algun que otro puente colgante que hacen que el regreso hacia Luchon resulte especialmente agradable.

Poco a poco el desnivel desaparece y volvemos a entrar en la localidad francesa.
Se completa así el primer bucle de la carrera.
Ha sido una primera mitad muy exigente, marcada por largas ascensiones, interminables descensos y un calor que comienza a hacerse notar con fuerza. Aun así, la belleza del recorrido hace que el cansancio quede parcialmente eclipsado por todo lo que hemos vivido durante las últimas horas.
Vuelta a Luchon… y comienza la verdadera carrera
Luchon nos recibe con un ambiente extraordinario.
Las calles están llenas de gente animando y el paso por el centro del pueblo supone una auténtica inyección de moral.
El avituallamiento se encuentra instalado bajo los soportales del histórico edificio de las termas, un lugar perfecto para protegerse del sol mientras rellenamos bidones, comemos algo y hacemos balance de la primera mitad de carrera.
Hasta ese momento mis cálculos eran optimistas.
Pensaba que el segundo bucle sería algo más sencillo.
No podía estar más equivocado.
El mágico ascenso al Lac d’Oô
Abandonamos nuevamente Luchon afrontando una larga subida casi constante.
El recorrido alterna tramos boscosos con pequeñas zonas de agua donde aprovechamos para refrescarnos. Poco a poco vamos dejando atrás la población de Oô hasta alcanzar el avituallamiento de Astau, donde un caldo caliente entra sencillamente de maravilla.
A partir de aquí comienza, probablemente, el tramo más espectacular de toda la carrera.
La subida bordeando el Lac d’Oô es una auténtica maravilla.

Es difícil describir con palabras la belleza de este lugar. El intenso color azul del lago, la enorme cascada que cae desde cientos de metros de altura y el sendero serpenteando por la ladera crean una estampa difícil de olvidar.
Hay lugares que no necesitan presentación.
Simplemente hay que estar allí.
Durante toda la ascensión nos cruzamos con numerosos montañeros que realizan la ruta en sentido contrario. Todos animan, sonríen y felicitan a los corredores, creando un ambiente que hace todavía más especial este momento.
Finalmente alcanzamos la intersección GR-10 / Espingo.
Allí el paisaje vuelve a dejarnos sin palabras.
No es casualidad que la fotografía de portada del artículo esté tomada precisamente en este punto.
Porque si tuviera que elegir una única imagen para resumir la Luchon Aneto Trail, probablemente sería esa.
El último esfuerzo
Abandonamos Espingo con una corta bajada que apenas sirve para recuperar el aliento. Sin apenas darnos cuenta, el sendero vuelve a mirar hacia arriba. Es el guion habitual de esta segunda mitad de carrera: cuando piensas que llega un respiro, la montaña vuelve a exigirte otro esfuerzo.
Durante varios kilómetros enlazamos continuas subidas y bajadas mientras atravesamos la zona de Hourquette des Hounts Secs, un terreno de alta montaña tan bello como exigente. A estas alturas el cansancio ya es evidente. Las piernas pesan, el calor ha hecho mella durante buena parte del día y cada metro que avanzamos se nota mucho más que al principio de la jornada.
Tras una larga bajada afrontamos la última ascensión importante del recorrido, apenas dos kilómetros que conducen hasta el avituallamiento de Superbagnères, la estación de esquí que domina todo el valle de Luchon.
El ambiente vuelve a ser extraordinario. Voluntarios, familiares y aficionados animan sin descanso mientras aprovechamos para comer algo, rellenar los bidones y afrontar los últimos kilómetros con las máximas garantías. Resulta curioso pensar que esta estación también puede alcanzarse desde el propio Luchon mediante su telecabina, otro de los grandes atractivos turísticos de la localidad.

Los últimos ocho kilómetros
El sol comienza a esconderse tras las montañas y, por fin, la temperatura se vuelve mucho más agradable.
Solo quedan ocho kilómetros.
Sobre el papel parecen pocos.
La realidad es muy distinta.
Todavía nos esperan 1.200 metros de desnivel negativo, un descenso exigente que castiga unas piernas que llevan más de dieciséis horas acumulando esfuerzo.
Cada paso recuerda los kilómetros recorridos. Los cuádriceps protestan en cada apoyo, pero la cabeza ya está en otro sitio.
Sabemos que la meta está cerca.
Y esa sensación es capaz de sacar fuerzas de donde parecía que ya no quedaban.
La llegada
Las primeras casas de Luchon aparecen de nuevo ante nosotros.
Poco a poco dejamos atrás los senderos y volvemos al asfalto. Los aplausos comienzan a escucharse incluso antes de entrar en el Parque del Casino.
Es imposible no emocionarse.
Después de tantas horas en la montaña, volver al punto donde todo comenzó tiene algo especial.
Los últimos metros se disfrutan de una forma diferente.
Ya no importa el cronómetro.
Ni la clasificación.
Solo queda levantar la vista, escuchar los aplausos y saborear un momento que permanecerá para siempre en la memoria.
Diecisiete horas después de tomar la salida cruzamos la línea de meta.
Cansados.
Muy cansados.
Pero, sobre todo, profundamente felices.
Porque más que terminar una carrera, acabábamos de completar una experiencia que difícilmente olvidaremos.
Mucho más que una carrera
He participado en muchas pruebas de montaña durante los últimos años y pocas veces me ha costado tanto encontrar algo negativo que decir.
Sinceramente, días después de regresar a casa sigo sin recordar un solo detalle que me hiciera pensar: «esto podría haberse hecho mejor».
La organización funciona con una precisión admirable, los voluntarios son excepcionales, el recorrido está marcado de forma impecable, los avituallamientos son de los mejores que he visto y el entorno… simplemente juega en otra liga.
Incluso los pequeños detalles están cuidados al máximo. La medalla finisher, por ejemplo, además de ser un bonito recuerdo, también funciona como imán para la nevera y abrebotellas. Puede parecer algo anecdótico, pero refleja perfectamente el cariño con el que está organizada esta prueba.
¿Merece la pena?
Si te apasiona el trail running, mi respuesta es clara.
Sí. Sin ninguna duda.
La Luchon Aneto Trail no es una carrera para buscar una marca personal.
Es una carrera para disfrutar de la montaña.
Para descubrir algunos de los paisajes más espectaculares de los Pirineos.
Para cruzar dos países en una misma jornada.
Para compartir senderos con montañeros, rebaños de ovejas y cientos de corredores unidos por una misma pasión.
Y, sobre todo, para recordar por qué un día empezamos a correr por la montaña.
Hay carreras que se recuerdan por el tiempo empleado.
Otras por la posición conseguida.
Y unas pocas permanecen para siempre en la memoria por todo lo vivido.
La Luchon Aneto Trail pertenece, sin ninguna duda, a ese último grupo.

Información práctica
La organización ofrece un amplio abanico de distancias para que cualquier corredor pueda descubrir el entorno de Luchon, independientemente de su nivel:
- L’Ultra LAT – 85 km | 5.400 m D+
- La Route 3404 – 65 km | 4.400 m D+
- 40 Oô-Pyrénées – 42 km | 2.600 m D+
- La Venasque – 45 km | 2.800 m D+
- La Duonasque – modalidad por parejas
- La K-Bour – 21 km | 1.300 m D+
- La Dika – 10 km | 500 m D+
- LAT Challenge 2 × 40
Para consultar toda la información, reglamento e inscripciones, puedes visitar la página oficial de la prueba.
https://www.luchonanetotrail.fr/
Un consejo para los corredores españoles
Si participas desde fuera de Francia, recuerda que será necesario obtener el PPS (Parcours de Prévention Santé), un certificado obligatorio que sustituye al antiguo certificado médico para la inscripción. El trámite es muy sencillo, se realiza online, tiene un coste de 5 € y apenas lleva unos minutos completarlo.
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