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El viaje empieza antes de ponerse el dorsal. Empieza en la carretera, con ese cosquilleo previo que ya te hace sentir corredor antes de correr.
Salimos de Madrid el jueves 19 rumbo a Extremadura, con parada obligatoria en Trujillo. Y qué parada. Pasear por su plaza mayor, rodeado de historia, con la figura de Francisco Pizarro vigilando desde lo alto, ya te pone en modo aventura. Buena comida, mejor charla y ese aire de conquistadores que, sin saberlo, ya nos estaba metiendo en el papel de lo que venía: una pequeña odisea personal.
Mérida: donde el pasado te susurra al oído
El viernes fue para empaparse —literal y emocionalmente— de Mérida. Porque correr aprendiendo historia es algo que suma y mucho.
Pase completo y viaje al pasado. El Teatro Romano de Mérida impresiona, pero cuando pisas el Anfiteatro Romano de Mérida, ya te ves corriendo con sandalias y espada.
En la Casa del Mitreo, el famoso mosaico del cosmos nos dejó clavados…
El Arco de Trajano, que ni siquiera era un arco triunfal como tal, se convirtió en nuestro primer arco simbólico del finde. Porque aquí todo suma.
Cena tranquila, piernas en alto y a intentar dormir. Spoiler: se duerme poco y se piensa mucho, como ayuda hace tiempo aprendí que relajarse cerrando los ojos y revisando el Track de la carrera ayuda y mucho a convencerse de que es posible , de puntos donde parar y respirar para seguir y sobre todo para cuadra alimentación y sales. Se que muchos ya lo hacéis pero es bueno recordarlo y aprovecharte de ello.
Sábado: barro, lío… y sonrisa desde el minuto uno
06:00 de la mañana. Llovizna fina. Salida de la PRO.
Y lo que parecía una salida tranquila… se convirtió en anécdota para años: casi 300 corredores perdidos en los primeros 700 metros. Balizas había, sí. Pero el clásico efecto rebaño hizo el resto.
Nadie se enfadó. Al contrario.
«Esto ya empieza siendo una aventura de verdad», comentaba un corredor entre risas mientras dábamos la vuelta.
Y es que esa fue la tónica del día: disfrutar incluso del caos.
Un terreno que no perdona… pero engancha
Los primeros 13 km fueron puro barro. Pegajoso, traicionero, de ese que te roba energía y te obliga a correr con cabeza… o a no correr directamente.
Charcos, resbalones, zapatillas pesando el doble y más de una caída que acababa en carcajada colectiva.
En redes, un corredor resumía perfectamente la experiencia:
«He acabado con barro hasta en sitios que no sabía que existían… pero repetiría mañana mismo.»
Y ahí está la clave.
Cuando el día se abre… y la carrera también
El amanecer trajo una tregua visual. Nublado, fresco, perfecto para correr.
El recorrido empezó a enseñar su mejor versión: dehesas, zonas de bosque, pistas abiertas y cortafuegos que rompían el ritmo y te recordaban que esto no era un paseo.
Una carrera muy viva. Muy cambiante. Muy divertida.
Los 14 avituallamientos, bien surtidos y colocados, permitían correr con lo justo. Y el punto de bolsa de vida en el km 59 fue un antes y un después para muchos.
Allí se ve de todo: cambios de ropa, miradas perdidas, platos de pasta salvadores… y corredores que vuelven a salir con otra cara.
Compartiendo camino
Uno de los detalles más bonitos fue compartir recorrido con senderistas. Educación, respeto y ánimos constantes.
«¡Vamos valientes!»
«¡Ya lo tenéis!»
Y tú, con las piernas cargadas, tirabas de sonrisa y seguías.
Porque estas cosas suman más que cualquier gel. Desde aquí un abrazo a un gran amigo que hize en carrera desde el kilómetro 59 , Javi hicimos un tandeen donde nos turnabamos y no parabamos en ritmo , nuestro objetivo era claro intentar hacer menos de 12h y sobradamente conseguido un esfuerzo titánico pero que valió la pena. En mi caso primero de categoría +59 y ademas del trofeo finisher me traje un bonito cuadro con una medalla de resina hecha a mano para colgar orgulloso en el salón de casa . Detalles que te hacen no dudar en volver, cariño recibido en todos los avituallaminetos, ánimos y un buen rollo de principio a fin.
Meta: el espectáculo final
La entrada en meta es, sin exagerar, de las que se te quedan.
El Acueducto de los Milagros presidiendo, el público apretando y un speaker que te eleva.
Cruzas… y por un momento todo encaja.
La columna de finisher, marcada según tus participaciones, es ese detalle que te hace sentir parte de algo.
Mucho más que una carrera
Tres vales: paella, bebida y hasta lavado de coche. Porque aquí se piensa en el corredor hasta el final.
Bolsa del corredor completísima. Y en mi caso, además, un recuerdo imborrable: primer puesto en categoría y un trofeo con esencia romana que ya tiene sitio especial en casa.
Pero más allá de lo material, hay algo que se nota: el trato.
La organización ha estado pendiente en todo momento de los corredores… y también de escuchar. Redes sociales activas, respuestas, cercanía.
El apoyo de la Asociación Española de Trail Running, donde el evento tuvo visibilidad y feedback constante. Y lo mejor: ese feedback fue escuchado. Algo que como siempre pasamos a la organización.
Y eso, en este deporte, vale oro.
Organización con alma
Antes, durante y después. Información constante, quedadas previas, seguimiento post-carrera…
Incluso ayudando a recuperar material perdido.
Charlamos con José Luis, director de carrera, y lo transmitía todo: pasión, ganas y orgullo por lo que están construyendo.
Un corredor lo clavó: «No es la carrera perfecta… es la carrera que quieres volver a correr.»
Y ahora… ¿qué?
Volvemos a Madrid cansados, sí. Pero con esa sensación de haber vivido algo.
Barro, historia, risas, esfuerzo.
Millas Romanas no es solo correr. Es viajar, compartir y formar parte de algo que crece.
Y mientras limpias las zapatillas… ya estás pensando en la próxima.
Porque aquí, amigo, se sufre bonito.
Podéis seguirles, ver fotos, consultar y comentar con ellos atreves de sus redes sociales.
📷 FOTOS GRATIS cortesía de la organización 📷📷📷📷
WEB : Caminos Romanos
Instagram: @caminos_romanos
FaceBook : Asociación club Deportivo Caminos Romanos
Desde la Asociación Española de Trail Running, GRACIAS por vuestra ayuda y colaboración















