![]()
🔗🔗🔗 🇬🇧 English Version
La Vietnam Mountain Marathon (VMM) es una de esas carreras que hasta que no la corres cuesta imaginar realmente cómo son. Sabes que vas a encontrarte con montaña, desnivel, calor, humedad extrema y muchos kilómetros, pero una cosa es leerlo y otra muy distinta es estar allí, con los pies llenos de barro y sabiendo que aún quedan muchas horas de carrera por delante.
Antes de correr: dorsal, feria y viaje hasta Sapa
La VMM reúne varias distancias —10K, 21K, 50K, 70K, 100K y 100 millas— y cada una tiene su propio horario y recorrido. Las 100 millas salen el viernes, mientras que el resto de pruebas se disputan el sábado en diferentes horarios. Conviene revisar el programa oficial antes de viajar para conocer exactamente la salida y llegada de cada distancia.
En el caso de la 100K, la salida es a las 5:00 de la mañana desde -Sapa Square- y la llegada está situada en -Topas Ecolodge-.
La recogida del dorsal es sencilla y cómoda. Puede realizarse en Hanói y, ya en Sapa, se completa el proceso en la feria del corredor, donde también se puede comprar aquello que pueda faltar. Kailas, patrocinador principal de la prueba, cuenta allí con un gran stand. El corredor recibe su dorsal y la camiseta oficial, sin demasiadas complicaciones, muy bien indicado y con personal de sobra para que la entrega sea ágil.
Para quienes viajamos desde fuera de Vietnam, merece la pena revisar los paquetes que ofrece la organización, ya que incluyen diferentes opciones de alojamiento y traslados entre Hanói, Sapa y la zona de carrera. Es una alternativa interesante porque desplazarse por esta zona por cuenta propia no siempre resulta sencillo.
La feria del corredor en Sapa, el último paso antes de ponerse a correr.
A las cinco de la mañana empieza todo
A las cinco en punto comienza la carrera. Todavía es de noche y, después de los preparativos habituales, dejamos rápidamente atrás -Sapa- para entrar en las montañas.
En este caso por temas de movilidad no tendremos apoyo logístico externo, se echará de menos y tendremos que ir adaptándonos a cada avituallamiento y momentos personales. La organización cuenta con numerosos puntos de control y avituallamientos muy bien pensados y colocados para que no falte agua y comida, en una prueba como esta con mucho calor y humedad, son fundamentales para poder avanzar.
El apoyo externo no resulta sencillo. Los puntos donde pueden acceder los acompañantes están muy determinados y desplazarse por esta zona de Vietnam, con su orografía y sus pequeñas carreteras, es bastante más complicado que en muchas carreras europeas.
Los primeros 26 kilómetros: barro y mucha precaución
Durante los días anteriores ha llovido bastante y los primeros kilómetros están marcados por el agua y el barro. Hay zonas donde cuesta encontrar un apoyo firme y avanzar requiere más concentración que velocidad.
Los primeros 26 kilómetros son exigentes. Algunos corredores llevan bastones aunque no garantizan nada, senderos muy estrechos que nos pone a prueba el equilibrio, así que toca adaptarse al terreno. Aquí lo importante no es correr rápido, sino evitar una caída que pueda complicar las muchas horas que quedan.
Y mientras intentas mantenerte en pie, empiezas a descubrir uno de los grandes atractivos de la carrera: el paisaje.
Los primeros kilómetros estuvieron marcados por el barro y el agua.
Arrozales, bambú y pequeñas aldeas
La VMM atraviesa arrozales, bosques de bambú, pequeñas aldeas y zonas de montaña donde la vegetación lo ocupa prácticamente todo.
Sapa es una ciudad muy turística, pero basta salir de sus calles para descubrir un paisaje espectacular. Correr entre los arrozales y las aldeas, con las montañas alrededor, es una experiencia completamente diferente a la que estamos acostumbrados a vivir en nuestras carreras.
Otra sorpresa son los pequeños puestos que aparecen junto al recorrido. Algunas familias y niños ofrecen comida y otros productos a los corredores, que pueden comprar llevando algo de dinero encima. Una imagen curiosa y muy diferente de una carrera europea.
Arrozales, montañas y aldeas. El paisaje es uno de los grandes protagonistas de la VMM.
El kilómetro 26: parar, comer y seguir
En torno al kilómetro 26 decido parar a comer y sentarme unos minutos. Todavía queda muchísimo recorrido y toca valorar cómo estamos antes de continuar.
En una ultra hay momentos en los que simplemente hay que aceptar que toca parar, comer, beber y volver a ponerse en marcha y en este caso fue todo un acierto.
Después, de nuevo a la montaña.
Del 26 al 50: calor, humedad y vegetación
A partir de aquí aparecen zonas de mayor altura, mucha vegetación y senderos donde correr no siempre resulta sencillo.
Pero empieza a pesar especialmente el calor y, sobre todo, la humedad. La sensación es de estar continuamente sudando. Bebes y poco después vuelves a estar empapado.
En algunos momentos aparecen las dudas sobre si realmente vas a conseguir llegar hasta el final. Son pensamientos habituales cuando todavía quedan muchas horas de carrera por delante.
Los avituallamientos, una parte fundamental
A medida que pasan los kilómetros, los avituallamientos se convierten en auténticos puntos de referencia. Agua, fruta, gominolas, sopa, noodles y arroz forman parte de la alimentación disponible.
En torno al kilómetro 62 encuentro uno de esos puntos donde puedo comer comida sólida. Personalmente, este tipo de alimentación me funcionó muy bien y permitió recuperar fuerzas para continuar.
La organización no fallo en nada y lo que más nos gustó de la carrera. El Buen balizaje, controles bien situados y avituallamientos muy completos, algo especialmente importante con las condiciones de calor y humedad que tuvimos.
En una ultra, comer y beber bien también forma parte de la carrera.
Del 62 al 72: aquí toca sufrir
Entre los kilómetros 62 y 72 llega uno de los sectores más duros, con una subida cercana a los 1.000 metros positivos. A estas alturas las piernas ya llevan muchas horas acumulando kilómetros y desnivel.
Toca tener paciencia, caminar cuando es necesario, beber continuamente y pensar en el siguiente control. Cuando llego al kilómetro 72, alrededor de las siete de la tarde, pienso que quedan unos 30 kilómetros y que quizá en cuatro o cinco horas podría estar en meta.
Pero todavía quedaba mucha carrera.
Muchas horas de carrera, las montañas siguen siendo uno de los grandes protagonistas.
Los últimos 30 kilómetros no fueron fáciles
A partir del 72 empieza otra carrera. El cansancio ya está ahí y vuelve el barro, las subidas, los descensos, las zonas muy inclinadas y la vegetación.
Ya no se trata de mantener un ritmo. Se trata simplemente de seguir avanzando. Hay momentos para correr y momentos para caminar. Beber, avanzar, volver a beber y seguir.
Al llegar aproximadamente al kilómetro 97 encuentro otro punto de agua y pienso que queda muy poco y esto esta hecho, pero allí me comunican que todavía faltan cinco kilómetros más y bien sabeís que si te quitan un o dos no te importa pero si te suman dos o tres kilómetros tu mente se vuelve loca.
Después de 97, cinco kilómetros deberían parecer pocos. En ese momento parecen muchos.
Los últimos kilómetros discurren por pistas muy prensadas y algunos tramos de hormigón que pasan factura a las piernas ya muy castigadas. Finalmente, después de una carrera que en mi caso terminó rondando los 103 kilómetros, aparece la meta.
Después de más de 20 horas, finalmente aparece la meta.
Topas Ecolodge: una meta diferente
La llegada está situada en Topas Ecolodge, rodeada de montaña.
No es una meta como las que estamos acostumbrados a ver en muchas carreras españolas. El ambiente es muy tranquilo, con la poca animación de los fotógrafos y los corredores que con cuenta gotas van llegando, sinceramente se hace triste no tener eso metros finales donde el público anima y tu te vienes arriba porque después de 20 horas necesitas gente gritando y animando.
Topas Ecolodge, el lugar donde termina la VMM 100K.
Una organización que funciona
Después de vivir la carrera desde dentro, destacaría especialmente el balizaje y los avituallamientos. En ningún momento tuve sensación de estar perdido y los puntos de asistencia estuvieron muy bien planteados.
En una carrera de estas características, la dureza no está solamente en los 5.500 metros positivos. Está en el conjunto: barro, humedad, calor, vegetación, desnivel y muchas horas de carrera.
Durante la prueba utilicé las FUGA AX 330, dentro del patrocinio de FUGA, aunque en esta ocasión prefiero que la protagonista sea la carrera y no hacer una valoración específica del material.
Un paisaje que también tenemos que cuidar
Hay una parte de la experiencia que me dejó una sensación diferente. Durante el recorrido encontramos bastante basura en algunas zonas de la montaña y, por lo que pude observar, no se trataba únicamente de residuos recientes relacionados con la carrera.
Es una pena, porque el paisaje que rodea la VMM es uno de sus grandes atractivos. Correr entre arrozales, bosques de bambú y aldeas es una experiencia que merece la pena conservar.
El Trail también tiene esa responsabilidad: disfrutar de los caminos y procurar que quienes lleguen después puedan encontrarlos en las mismas condiciones.
103 kilómetros después
La VMM 100K son oficialmente 101 kilómetros y 5.500 metros de desnivel positivo.
En mi caso fueron aproximadamente 103 kilómetros y 20 horas y 50 minutos de carrera. También llegó una segunda posición en la categoría de 50 a 59 años, pero el resultado deportivo no es lo que más recuerdo.
Me quedo con los primeros kilómetros de barro, los arrozales, los bosques de bambú, las pequeñas aldeas, el calor, la humedad, los avituallamientos, los niños formando parte de la carrera animando en cada aldea al pasar un aporte extra, ver su sonrisa chocarles la mano y, sobre todo, con esos últimos cinco kilómetros que después de haber recorrido 97 parecían no terminar nunca.
La VMM obliga a adaptarse continuamente al terreno, al clima y al cansancio. Y quizá esa sea precisamente una de las cosas más interesantes de correr una ultra al otro lado del mundo: durante muchas horas dejas de pensar en el tiempo y simplemente te dedicas a avanzar.
103 kilómetros después, eso es lo que queda: la experiencia de haber corrido por las montañas de Sapa.
Datos de la VMM 100K 2026
- Fecha: 19 de septiembre de 2026
- Salida: Sapa Square · 05:00 h
- Distancia oficial: 101 km
- Desnivel positivo: 5.500 m+
- Meta: Topas Ecolodge
- Categoría: 50–59 años
- Resultado: 20 h 50 min · 2.º de categoría
- Distancia realizada aproximadamente: 103 km
La Asociación Española de Trail Runing (www.aetrail.com) quiere agradecer a la Organización el apoyo recibido para que hayamos podido estar allí.





















